25 mayo, 2007

Una Naturaleza en tres paisajes

Es sabido por todos la atribución a las imágenes cinematográficas, desde sus inicios, una capacidad cierta para representar grandes espacios naturales (el western, las aventuras, la guerra, lo exótico, el noticiario, las vistas) o artificiales (reconstrucciones de época como peplums y derivados) y sacar de ellos, cuanto menos, la espectacularidad física de estos. Siendo algo groseros en la generalización: El exotismo turístico y la búsqueda de cierta belleza visual (estampas, postales) contra el impacto directo y visible de la Naturaleza en la imagen. O dicho de otra manera: el valor representativo y significante de un lugar contra el valor soterrado no ya del significado sino de la variedad de estos.

La naturaleza retratada. El hombre puede posar en ella o bien la fricción de éste con la primera será mostrada no tanto por unos abruptos y hostiles paisajes como por la proyección de los miedos y frustraciones del interior humano hacia su entorno.

Esto último en ocasiones conduce al fracaso, la angustia ante la falta de control. El mismo fracaso del prepotente absolutismo político (XVII-XVIII) y su alegoría visual en forma de jardín racional (Versalles como ejemplo más conocido) limitado, geométrico, plantas y agua encauzados, paseos orientados según coordenadas (puntos cardinales), equilibrio, bello pero prefabricado. El confinamiento y la ausencia de ruptura (la endogamia) acabaron con unos modelos políticos y con sus extensiones plásticas.

Seven Brides for Seven Brothers (Stanley Donen, 1954)

La llegada del atormentado ímpetu romántico tiene lugar al siglo siguiente; con su amor a la ruina y a la pureza natural. Las dislocaciones, las sombras, caminos sinuosos y sorpresas. La Naturaleza puede avanzar con el margen necesario que necesitaba su poder, abrumando la torturada conciencia humana. Una exteriorización traumática. La lucha (reconocida desde una posición de inferioridad) y la admiración se dan la mano. De la consolidación y el orden que buscaban la exactitud y la definibilidad hasta reducirlo todo a un sistema de reglas formales, inmutables, pasamos al impulso: expansivo, indefinido y dinámico, aunque en ocasiones confuso y en exceso idealista.

Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)

Pero apartándonos de esas dos posturas podemos encontrar otra donde la acción y la meditación surgen como dos aspectos básicos de otro tipo de jardín más evolucionado, el jardín de paisaje seco zen, con su incremento del equilibrio ahora hallado mediante la abstracción. La figura humana ni posa (controla) ni se ve superada (abrumada). No hacen falta compartimentos ni expansión ilimitada, simplemente se busca la integración o siendo más exactos una comunión, en el sentido más laico que se le quiera otorgar. Digamos que se trata de armonía e igualdad, de participación y de distancias.

Banshun (Yasujiro Ozu, 1949)

Los fotogramas han sido escogidos sin un patrón definido, sin sistema. Ha primado la disponibilidad, porque es seguro que una búsqueda más seria y profunda habría dado resultados masivos. De cualquier manera son representativos y nos sirven para la ocasión. También se buscó que no fueran fotogramas "muy vistos" con gran carga simbólica de entrada. Cualquiera puede proponer el suyo.

11 mayo, 2007

Soporte digital


¿Se puede negar de principio la desmaterialización del soporte digital como una de sus realidades actuales? ¿Cabe preguntarse además cuáles son los soportes de la imagen digital? ¿Existen?

Convenimos todos en apreciar que la imagen digital sólo alcanza ese estatus icónico y significante una vez la información numérica binaria que la forma se ha ordenado, transmitido y emitido en sus coordenadas correctas formando así una serie de píxeles que desde su contigüidad generan una superficie de apariencia homogénea. Esta apariencia es tal dentro de un entramado informático que sirve como plataforma para lanzarlas a otros soportes: papel, película fotográfica (mediante filmadora) o para plasmarlas-visualizarlas en una terminal periférica de esa cadena: una pantalla.

De ahí que el soporte sea más difícil de identificar que la materialidad de la película fotográfica, el soporte no serán los números, será una combinación de lo denominado genéricamente software y hardware.

Podríamos pensar que, al modo de otros campos, y usando el valor semántico de “soporte” éste sería en lo digital el lugar físico de residencia de la información, y de hecho recibe ese nombre: soportes rígidos como los discos duros (HDD) o portátiles como los discos compactos, el DVD, etc. Pero en ellos no hay imágenes formadas, están codificadas, es por tanto un soporte no definitivo, lo es de transición y mejor que “soporte” le vendría el calificativo de “almacén”. La información ahí almacenada necesita ser procesada y transmitida según códigos, vía software, hacia otras posibles terminales de hardware.

Estamos ante un soporte “dinámico” o “cambiante”. Ese dinamismo y esa diversidad (soft+hard) de herramientas difumina su materialidad, pero ésta existe y lo hace de manera tozuda. El medio digital es poderosamente matérico en sus procesos a pesar de su transmisión, sobre todo la transmisión, etérea, en buena medida acomodada al modelo social imperante que prima o enseña el resultado dejando en segundo plano los procesos por los cuales se consiguió, importa el hecho último.

Pero todo esto se articula sobre una hipotética base de un panorama de digitalización absoluta en lo que concierne al dispositivo y aparato cinematográficos, algo que no ocurre en la actualidad donde el flujo de información potencialmente icónica (algunos pueden no estar de acuerdo y decir que no es potencialmente icónica sino que esa información numérica es la misma esencia de la imagen) acaba desembocando en la materialidad de la película fotográfica para su exhibición y muestra, con las proyecciones digitales intentando abrirse paso.