09 febrero, 2007

Dos panorámicas ejemplares

Como apuntaba A. Bazin, el enfrentamiento Hombre-vs-Naturaleza encaja en la épica del western con perfección al ser “muy aficionado al travelling y a la panorámica, que niegan sus límites a la pantalla y le devuelven la plenitud del espacio”, pero nos interesa poco Bazin ahora, ya sabemos de su ansia de integrar estos dos movimientos en la idea de realismo dejando de lado otros problemas más o igual de interesantes.

Un día hablaremos de la pantalla, la Naturaleza y del hombre dentro de ambas, pero hoy toca un brochazo de panorámicas. Las mismas que Anthony Mann supo integrar en sus filmes como pocos, con la soltura que evidencia la ejecución ejemplar de una de éstas en El Hombre de Laramie (The Man from Laramie, 1955):

The Man from Laramie


James Stewart contempla, al inicio del filme, los restos de un asalto indio mientras se despliega la panorámica, de esta forma de mostrar advertimos su implicación en los hechos hasta que no sean resueltos, la panorámica, como veremos en la de Río Rojo, sirve de abstracción narrativa, condensa en su discurrir más información de la que en apariencia captamos. Espacio y tiempo, ambos en sus justas medidas--> espacio mostrado dilatado + tiempo concordante en la ejecución del movimiento. Perfecta.

Muy similar es la de Red River (Río Rojo, Howard Hawks, 1948), la famosa panorámica de Río Rojo capaz de sintetizar el presente y avanzar los hechos venideros, la amplitud del movimiento, el contrastado blanco y negro, las nubes, las rocas, el ganado y el polvo, y frente a eso, los rostros humanos tensos y expectantes hasta la quiebra en forma de gritos.

Red River

¿Dónde hay otro detalle que las hace aún más grandes si cabe?, en la manera de rematarlas. El remate viene dado por el registro dentro del marco del sujeto que la inició con su mirada. Y lo hace por la espalda en un movimiento giratorio terminal. A pesar de que la lógica lleva a concluir ese movimiento en muchos casos con un nuevo plano del rostro del personaje mediante corte (un primer plano -contraplano- de sus ojos, de su rostro, por ejemplo) la solución de estos dos ejemplos resulta abrumadora, afinada al límite. La inclusión del personaje, al fin y al cabo es su mirada, queda expuesta en su totalidad al ser captado como parte integrante de ella. Literalmente son envueltos.

Su poderosa capacidad descriptiva no resulta única, es poderosa pero no excluyente. Más allá de la brutal denotación que la acompaña es inseparable del punto de vista narrativo y dramático que la ejecuta; siempre y cuando el director sea tan cuidadoso como lo son en estos dos casos.

Una en CinemaScope, otra en formato convencional. Las dos ofrecen un plus a la superficie mostrada independientemente de su mayor o menor área.

3 Comentarios:

Doctor Mentalo dijo...

Sigue esta panorámica
------------------------>un post brillante!

Jacob dijo...

Buff... espectacular la de Mann, sencillamente espectacular, te coge totalmente de improviso.

Cuadrados al milímetro los tiempos, con Stewart terminando de girar la cabeza cuando la panorámica llega hasta él y se detiene. Qué gran actor.

Ya no se hacen panorámicas como las de antes...

:p

Que por cierto tengo que volver a echar un vistazo a los films shakespearianos de Kurosawa, igual hoy día llego a captar cómo imprime de maestría la quietud.
Como bien dices la panorámica ha de cuadrar al milímetro el espacio que muestra y la velocidad con la que lo hace, pero sobre todo encajar con la forma de narración del film. Esto es, hacer avanzar la acción (vemos que Stewart se implica y tal, ya lo has señalado tú), o, a falta de una mejor definición, crear un ambiente. Infundir cierta sensibilidad, preparar pociones... ah, no, que ese era Panorámix...

bluegardenia dijo...

Ya bumpeas hasta en blogs, menudo vándalo.

Casi que es mejor, sobre todo con estas entradas y no con otras en las que no me aguanto ni a mí mismo XD.

Chespirs de Kurosawa... dale un vistazo a Los Canallas duermen en Paz si no la viste, me sorprendió muchísimo la primera vez que la vi. Hamlet de visita en la empresa japonesa.

Un saludo.