
Apropiarse de una imagen, tomarla, usarla, reciclarla, (re)interpretarla, manipularla... podemos afirmar que nunca ha sido tan fácil de practicar como en nuestro tiempo (valga la convención temporal).
Nos hemos convertido en auténticas hormiguitas que han ido juntando y almacenando aquello que fuimos encontrando, un cierto legado. Sin ser uniformes y diligentes en cada hormiguero hemos sufrido luchas intestinas en el trance de las cuales nos dedicamos con pasión a destruir nuestra propia producción o la de otros; lo no afectado por tal o los restos de las mismas (los paisajes después de la batalla) han ido quedando en diferentes tipos de silos (cinematecas, bibliotecas, museos pictóricos, cascos históricos...bueno aquí cabría la discusión entre “casco histórico” y “parque temático” permítaseme la maldad semántica) debidamente catalogados e inmovilizados.
Con dicha infraestructura a las acciones citadas arriba le deberemos poner un paso previo que se presenta sin llamar: la tentación. Y si a esta tentación le ofrecemos aquellos medios que hoy existen y que facilitan sobremanera el ejercicio, entonces la acción se convierte en inevitable empujada por tal inercia. Sin intención ninguna de otorgar a tentación valor moral o religioso alguno, dios me libre, queda clara la tendencia al acto descrito, una tendencia con enorme facilidad en los accesos. Están ahí, al alcance. Maduras y sabrosas como una manzana.
Por tanto estamos ante una acción clara y definida. Y si una cosa parece evidente es nuestra posición privilegiada para desarrollar el ejercicio-acción-proceso (o un estilo para quien lo prefiera) de la apropiación de imágenes (hablemos ya sólo de ellas). En tal situación y como, por extensión, signo de época surge una fuerte contradicción en tanto la apropiación es unidireccional. Lógicamente el pasado no puede apropiarse de nuestras imágenes,
pero llegado el caso debido a cualquier pliegue de las dimensiones físicas que nos rigen, los pobres deberían pagar por ello y con pagar no me refiero a un simple acto monetario. Al mismo tiempo que hemos creado los almacenes de arte y cultura citados, puestos a disposición de casi todos, hemos sido lo suficientemente listos para inventar un nuevo mecanismo que cubra nuestra propia producción y en ciertos casos establecerlo también con carácter retroactivo, mejor dicho, necrófilo a hechos-expresiones pasadas.
Podemos apropiarnos con mayor facilidad de las producciones del pasado pero nos autoprohibimos hacerlo con lo actual, y lo hacemos por ley. De la misma manera que la apropiación tiene barrera temporal, traspasarla tiene precio y como dije no solo arancelario sino moral o creativo. La apropiación dentro del círculo contemporáneo además de regulada por ley hace flotar sobre el practicante cierto fantasma de falta o déficit de creación.
Seguir la senda, o copiar, de modelos (imágenes) actuales sólo es factible cuando han demostrado rentabilidad en su mercado y por lo tanto ya cuentan con una perspectiva que las acerca a la seguridad que ofrecen patrones aplicados a lo largo de los años con éxito. La rentabilidad, el filón, se encarga de enmascarar la no originalidad.
La experiencia, pues, no es tan simple o unívoca y esconde actitudes o tendencias de los modelos sociales y económicos (tal vez, "el modelo") de nuestro tiempo que apuntan las diferentes maneras de organizar y desplegar sus mecanismos.
Si queremos (re) interpretar imágenes del pasado en un discurso actual topamos con problemas y situaciones complejas. Formales, morales, estéticas e históricas que no estarán sólo sujetas a las peculiaridades del montaje (y del modelo collage) como se podría llegar a pensar. La dificultad de trabajar con este tipo de imágenes es inversamente proporcional a los modos de acceder a ellas:
- El Kitsch al menos como yo lo entiendo, es decir, el uso de algo que en su tiempo alcanzó un valor o estatus artístico, bien elevado bien institucional, sólo por el hecho de re-mostrar (en superficie) dicho valor. Peligro que espera a la vuelta de la esquina.
- La descontextualización: Borrar el espacio y el tiempo originales.
- Nuevos puntos de vista sobre el material. De modo que, los significados primigenios se esfuman para dar cabida al nuevo discurso (llegando a alterar la cadena de elementos del mismo: la enunciación y su serie de sujetos) que se pretende. Con significados abarcamos tanto su valor formal como sus hipotéticas implicaciones ideológicas.
- De lo anterior deriva la idea de convertir lo que hemos llamados silos (inmobilizados) en nuevos depósitos de semántica (activos) productores de sentidos y significados (Allan Sekula citado en Weinrichter: Usos, abusos y cebos para ilusos: El documental de archivo contemporáneo. En él se tratan algunas de estas ideas de manera precisa). Unión de material+sujeto activo (actante)+medios.
- Intentar eliminar cargas denotativas del texto original para centrarse en lo matérico (Me refiero a ejercicio experimentales tan sugerentes como Decasia de Bill Morrison y un largo etcétera de obras y autores). Y digo intentar porque de este nuevo ejercicio surgen nuevas capas de sentido que escapan a la simple sensualidad o misterio de la superficie de la imagen. No será pues ruina y como tal sin función más allá de testigo final o del ímpetu o valor romántico, no olvidemos que bajo las ruinas puede llegar a vivir mucha gente o que desde su estructura debilitada o perdida puede ocultar aquello que en su día estuvo a la vista.
- El enredo aumenta en este panorama actual digitalizado (o camino de él) que amén de ayudar en los accesos citados aporta métodos de reproductibilidad y tratamiento capaces de actuar desde dentro de las propias imágenes llegando a ejecutar cambios o alteraciones (si de ello se trata) de manera imperceptible y por ende no reseñable como elementos de la historia de esa imagen. La actuación puede no constar (En contra de las regulaciones habituales que sí afectan a otras artes)
- De la misma manera la circulación de ese flujo de datos, aún siendo el caso de reproducciones perfectas e implacablemente numéricas, descentraliza el almacenaje, el acceso y sus usos. Descentralización como modelo de fluidez a priori y con alto potencial sinérgico (punto 4).

No está de más que entre nosotros, generalizando: usuarios de los nuevos medios, aficionados o estudiosos de la imagen, con cierta inquietud hacia este mundo, creadores o simples espectadores (algo no incompatible ni mucho menos, pero es otro tema), nos preguntemos qué estamos haciendo y si esos actos tienen al tiempo un fondo y una proyección.
Que no son actos intrascendentes, no son clicks de ratón, botones pulsados y nada más. Que la domótica no nos impida ver, por ejemplo, de dónde proceden los alimentos, el uso que les damos y las consecuencias de ello.
Cualquier idea, matiz o refutación de lo ya expuesto será muy bienvenido.



2 Comentarios:
Me gusta tu página, si no te importa te agrego a mi espacio de cine:)
Un saludo.
http://pelusoscinematograficos.spaces.live.com/
Hola qué tal,
Muchas gracias y bienvenido. Añádela sin problemas.
Un saludo.
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