
La salida de campo por un lateral de la pantalla, y su consabido cambio de plano correlativo, es un apartado que implica una lateralidad de importancia. Algo tan antiguo como aquel que codificó D.W. Griffith en base al uso de las puertas como aliviadero entre plano y plano marcando el camino del actor al mismo tiempo que el del espectador, y que proseguiría, como apoyo insustituible, durante todo el cine clásico de Hollywood iniciando y concluyendo las escenas. Pero veamos como en esta lateralidad en apariencia tan convencional y con un sentido evidente y unívoco, hay intentos de ruptura en busca de un lenguaje formal evolutivo (?, no estoy nada seguro sobre esta definición y la existencia como tal, la verdad) que llegase a contradecir la lógica linealidad de la misma, aportando nuevos significados derivados de esas transgresiones.
El marco de la pantalla estará concebido como marco-límite con posibilidad de respetar o transgredir y menos como marco-objeto contextualizador lógico de la superficie externa pero segregador del entorno en un empeño esencialmente humano por poner unos límites, que el mundo visual se empeña en negar más acá del horizonte, para intentar comprender (Rudolf Arnheim).
Observemos, en un breve episodio de L’Atalante (Jean Vigo, 1934) compuesto por nueve planos y con menos de un minuto de duración, para comprobar la manera de sacar provecho de algo tan trivial como la salida y entrada en campo oponiéndose a las convenciones lineales y laterales establecidas por el rígido eje direccional de la pantalla.



- Plano1: Dita Parlo en el margen izquierdo con dirección al ángulo inferior derecho del marco. Plano deliberadamente desequilibrado, acéntrico en su composición, domina la masa de agua sobre su figura arrinconada. En la narración ella acaba de abandonar el barco de su marido y se encuentra perdida.
- Plano2: Visión subjetiva de ella. Lo que ha perdido, echa de menos y aún desea.
- Plano3: Continúa la acción emprendida en el plano1 aquí, si cabe, más escorada, no en vano ha decidido, si quiera por ese instante, continuar con su aventura alejándose de eso que aún lamenta haber dejado. Sale de cuadro por el lado derecho de la pantalla.
- Plano4: Entra en campo por el mismo lado por el que lo dejó, cuando debería hacerlo por el contrario para respetar la lógica direccional de la acción y no causar efecto extraño alguno. Es un plano muy abierto y su figura dentro de éste, tanto por el espacio como por el decorado ambiente, posee evidentes implicaciones dramáticas; una auténtica tela de araña.
- Plano5: Cambio brusco en la escala del plano y en el decorado, no hay relación de continuidad ni espacial con el anterior. Emprende dirección derecha sin llegar a traspasar el marco.
- Plano6: Vuelta al plano4 pero ahora con ella en primer término. La extrañeza aumenta al haber intercalado el plano anterior y al aparecer en este momento su figura casi junto a la cámara que la capta; se aproxima hacia esta y desaparece por el ángulo inferior izquierda, pegada a la cámara.6
- Plano7: Cuando debería haber entrado en el plano por el lado derecho lo hace por el izquierdo y con el mismo mecanismo de antes ahora invertido, alejándose de la cámara. El decorado sigue denotando la misma prisión. Emprende dirección derecha.
- Plano8: Plano estático y por lo tanto no sujeto a acción pero sí a posición, ésta, mirando hacia la derecha, respeta, mínimamente, la continuidad con el anterior. El ambiente sigue presente y ella continúa la acción saliendo de campo por la derecha.
- Plano9: De nuevo rompe el eje entrando por el mismo lado por donde salió y prosigue caminando en zig-zag (otro detalle a sumar) por el espacio estrecho que deja libre un poderoso tren que margina, como el agua de los planos 1 y 3, su situación.
¿Estamos ante un uso erróneo o fallido de las técnicas de filmación y montaje? o simplemente ante todo lo contrario, ante el empleo y la integración de una ruptura en el corpus narrativo para aumentar el poder dramático. Una solución estética simple y eficaz que valida la trasgresión al nacer de ésta una estructura sin caer en la gratuidad.
Rupturas que, con el paso del tiempo y en muchos casos, se nos presentan como motivos fundacionales de movimientos artísticos que fracasarán con sus intentos en buena medida por la gratuidad comentada, son “...esos aprendices de brujo de un azar bastante mal comprendido, los defectos de sus filmes no se trasmutan sino muy raramente en componentes estéticos; en general, solo embrollan nuestra aprehensión...” (Noël Burch). Seguramente no costará poner nombres y apellidos a esos aprendices de brujo :mrgreen:






















